domingo, 3 de febrero de 2008

El toque mágico (o santa tocata)


Corría la segunda mitad de un periodo que transcurrió hace casi cuatro años.
Sucedió en una de esas tardes, en la que parecía, que el calor estaba aburrido en donde estaba, y se le acaeció venirle a romper la paciencia a la primavera.
Ya había pasado el caos del primer parcial, y los pocos valientes que habíamos quedado, estábamos tratando de entender como se sacaba un MC de un Escandallo partiendo de un PVP.
Hacia mucho calor, sentada en la segunda fila, comencé a prestar atención no sin preguntarme que hacia sentada ahí y no clavándome un helado. Con botellita de agua de por medio y un par de hojas que servían como abanico, intenté, con mucha fuerza, prestarle atención a mi querido profesor. Situación, que me llevo por mal camino...

Disese, que la tiza es el elemento primordial de un profesor para plasmar sus conocimientos en el pizarron, esa madera pintada de color verde o negro, que se encuentra en el frente u a los costados de un aula. Pleno Siglo XXI, ese material sacado del cemento o no se de donde, tendría que ser suplantado por fibrones indelebles con pizarras de acrílico. Pero en pleno Filo, eso seria una aberración.

Habíamos realizado un ejercicio (uno de esos, que los alumnos efectúan sin saber que están haciendo), cuando el profesor, viendo nuestra cara de espanto ante el ejercicio que nos había pedido, tomo la iniciativa de realizarlo en el pizarron para explicarlo; sabia que si no lo hacia, se quedaba sin curso para que rinda el segundo parcial y él, comiéndose una buena cagada a pedos. Tal era nuestra cara de espanto, que no se percato –o no tubo en cuenta– a la traicionera dama blanca con formato de barra (o bien llamada tiza) en el desempeño de su tic nervioso.

El buen hombre tenia la particularidad de acicalar sus partes inferiores delanteras cada vez que explicaba algo, tal es así, que la querida tiza lo traiciono en la quinta “tocata”. Ese, comenzó a ser un momento cada vez mas incomodo...incomodo porque uno no podía dejar de mirarlo y de aguantarse la risa. Cosa, que sumado al calor que hacia en la querida aula, la gente se ponía cada vez mas colorada y él, cada vez mas blanco...

Esto conllevo, a que luego de transcurrir las dos torturantes horas de practico, los alumnos salieran del aula realizando preguntas como: “Viste la mancha de tiza que le quedo en el pantalón?”, “Ira por la calle así”, “Le decimos?”, en vez de percatarse, que no prestaron atención por la distracción que habían tenido.

Por eso, es recomendable leer los apuntes que nos implementan, desde la capitular hasta el ultimo pie de pagina, por el simple motivo, de que si nos distraemos por la visualización de movimientos involuntarios en zonas restringidas, el “no entendimiento del tema” no va a ser tan doloroso...

Esperando que este consejo le sea de utilidad, mi asiduo lector, lo sorprenderé en el próximo relato, con mas anécdotas editoriales.

Jane

Había una vez... – la otra versión autorizada de los hechos –


Después de varios intentos fortuitos de carreras soñadas sin éxito, una amiga me comento al pasar sobre la carrera de Edición. Me gusto la idea y tome la iniciativa de entrar al mágico mundo de la Word Wide Web, o mejor dicho Internet, para investigar un poco sobre que se trataba.
Corría el inicio del 2004. Me había anotado con éxito a la carrera, sin problemas, bah, el problema en mi se me generaba con la realización del CBC (cosa que es el día de hoy que pasa a ser un mal necesario, y no hacerlo, implica no cazar en el aire muchos temas). Nerviosa como estaba, entre a la mítica “Filo” con el pie derecho para que, en mi primer día, me vaya bien. Como habrá sido, que ese día hubo paro y yo no me había dado por enterada. Salgo de una facultad vacía, solo, un par de papeles de basura girando cuan pasto en el desierto por los pasillos, y dos personas del personal no-docente, llenando un balde de agua del baño de hombres por falta de suministro en la cocina.
A la otra semana, comenzaron las clases normalmente. En Introducción a la Actividad Editorial conocí a una compañera que vivía en Morón, con esta compañera me hablaba poco y nada, digamos, lo justo y lo necesario. En si, no tengo como hobbie conocer gente porque si, o para pasar el rato, pero esta compañera era muy simpática y me había caído bien. Con ella había otra compañera, una chica de alrededor de 22 años que siempre estaba con ella, como es en mi, mucha importancia no le di. Así y todo, ella insistió en hablarme y no me quedaba otra que saludarla; tal es así, que hoy es mi mejor amiga: Sarah.
Con ella nos conocimos casi terminando el primer cuatrimestre del 2004. En el segundo cuatrimestre, comenzamos a cursar Fundamentos de la Producción de Impresos y teníamos que realizar grupos de cinco personas para realizar un trabajo final. No se porque, pero no quería dejarla sola; le había prometido hacer grupo con ella, y como persona de poca pero de palabra al fin que soy, no fui con el grupo que me solicitaba y realice el mismo con ella.
No nos conocíamos mucho, pero desde ese entonces, cada vez que teníamos que realizar algún grupo, lo hacíamos juntas. El mejor, primer cuatrimestre del 2005 cuando le presente a Claris, una amiga de fierro de la facultad. Dios mío, las tres fuimos dinamita. Tal es así, que hoy en día se utilizan nuestros trabajos grupales y finales como material de cátedra.


Bueno estimado bloggeano, lo dejo a merced del entendimiento que puede llegar a acaecer cuando termine de leer estas líneas, ya que este blog, esta destinado a aquellas personas que ven como nosotras, el estudio de una forma distinta a la normal...



Hasta la próxima...


Jane








viernes, 1 de febrero de 2008

The language of “M”


Es sabido, que saber producción es condición primordial para ser un buen editor discutidor... pero de lo que no nos percatábamos, es que también uno debía conocer diversos dialectos.

Por eso, obedeciendo a tal particular regla, un tarde de primavera, sorteando paredones de incienso y otras hiervas, nos dirijamos Jane y yo, a la magistral clase de Fundamentos en la Producción de Impresos.

Ubicadas estratégicamente en el aula (lejos del cigarro y cerca de la puerta, para un escape planificado); esperamos con emoción al comienzo de la clase con nuestro querido profesor, lookeado al mejor estilo pro-filo con MP3 incluido.

Unas vez comenzada la clase de cinco horas de duración, y con tratativas de mantener la atención, fue en un momento de emoción desparramada, durante la explicación de la función de un CTP, que nuestro tutor intelectual largo un "GUA CHU SI I GUA CHU GEH", que en lengua formal seria: WHAT YOU SEE ITS WHAT YOU GET.

La incontinencia verbal fue la cualidad momentánea de Jane, que isofacto, expulso desde su estomago, subiendo por su garganta y a través de sus cuerdas vocales un: "ahhh y yo pensé que era mala en inglés"… frase que retumbo y retumbo y dio carrera olímpica entre las cuatro paredes del aula y apoyado por el silencio sepulcral del alumnado(no sin ser apoyado moralmente por mi risa sin sonido, al mejor estilo Patán…). El murmullo empezó a despertarse como chisme de conventillo al ir surgiendo las risas desde el fondo, mientras nuestro profesor se mimetizaba con el rojo Ferrari de su vestimenta tradicional.

Fue en ese memorable momento, que con Jane, iniciamos nuestra primera unión editorial a la que llamamos, G.C.S.I.G.C.G. a partir de allí, nuestros crisálidos proyectos llevaron ese nombre.
Pero bueno, mi estimado lector, en otro momento de mate y medialunas, les contare como fue evolucionando ese capullo editorial.

Espero que lo hayan disfrutado, hasta la próxima crónica.



Sarah